lunes, 29 de julio de 2013

Leyendas urbanas de zapatos

Cuando alguien ve un problema, otro ve una oportunidad. Yo tengo varias anécdotas. La mala pata y nunca mejor dicho fue la de no fijarme bien al coger mis zapatos, ya que cogí el derecho de un par mío y el izquierdo de un par de mi madre, que son muy parecidos y que estaban unos junto a otros al lado de la cama. Mis compañeras, unas 7 u 8 mujeres de entre veintimuchos y treintaymuchos, siempre van muy arregladas, y acostumbran a calzar altísimos tacones. La única que no llevaba tacones de aguja era mi mujer, que iba en zapatillas de casa (más tarde, cuando salimos de casa, ella se puso unas preciosas botas de tacón alto). Describo lo que cada una de ellas llevaba puesto: Ana y Julia, espectaculares zapatos (peep toe) de tacón de aguja, negros una y blancos la otra, brillantes como de charol. Es lo que tiene guardar los zapatos bajo el armario. Se cree que es posible que lo hiciera utilizando las patas desolladas de un ternero. Así que las novias y mujeres de mis amigos vinieron muy arregladas, todas ellas muy sexys y todas ellas con altísimos tacones.

Terminamos de cenar y saqué unas cuantas botellas para hacernos en casa el primer cubata de la noche. Pero la cosa no termina ahí, ya que si nos fijamos un poco mas nos damos cuenta de que muestra sin pudor sus piernas cubiertas con medias blancas sujetadas por unas ligas debajo de las rodillas y calzado con sus preciosos zapatos abotinados de tacón rojo con hebillas salpicadas de brillantes, además de unos grandes lazos que se llamaban molinos de viento. Está hecho de una sola pieza de cuero de vaca, tenía cordones y estaba hecho para encajar en el pie de su propietario. Algunas de ellas conocen mi devoción fetichista por los tacones de aguja y en ocasiones me gastan alguna broma, o fantasean con que yo soy su esclavo personal. Tom, que así llamábamos a Mr. Me fui de vacaciones a Madrid, para pasar unos días con los amigos. Luis XIV. Pues bien, hubo un día en que me di cuenta de una cosa: llevaba un zapato de cada tipo. En este caso, como en casi todos, prefiero tener un buen artículo que repartir la misma inversión entre varios.

Cuando conozco a un nuevo señor suelo asociar su imagen a estas dos particulares joyas que desde un primer momento atrapan -prioritariamente- mi atención porque me dicen de mi interlocutor, contrastado con el resto del conjunto, mucho más que sus primeras palabras. Opino que estos dos tesoros tienen entre ellos mucha correspondencia, así como con el refinamiento de su portador, cual tarjeta de presentación, evidenciando una gran sintonía entre ambos y por supuesto enmarcado en el resto, pero nunca destacando. Si bien es cierto que no solemos tener solo uno, sino que lo apropiado es disponer de alguno más para poder elegir el más pertinente para usar entre las circunstancias más dispares como el deporte, la ropa casual o los trajes, casi siempre existe uno que es el que nos define, caracteriza y/o nuestro favorito. Para su elección unos caballeros preferirán la firma a la estética, otros a sus materiales frente a la técnica con la que están fabricados y los más –simplemente- elegirán entre una serie de modelos en función de la calidad y el precio.

Ella, por supuesto, no llegó a darse cuenta. El monarca quedó tan fascinado por la creación que los usó el día de su boda prestándoles mas atención, según cuentan las malas lenguas, que a la poco agraciada princesa española. El ingenio de Lestage no terminó ahí ya que cuatro años mas tarde se presentó en Paris con otro nuevo regalo, esta vez se trataba de unas botas sin costuras, lo que fue considerado como un hito sin precedentes ya que resultaba muy difícil averiguar como las había fabricado sin dar una sola puntada. Menudo viajecito me dio. Pero pronto mi humor cambió. Así que no lo dudó un instante y, llevando consigo un medidor de pie y unos cuantos pares de zapatos, se presentó en casa de Einstein. Al entrar en la pequeña casa de dos pisos, Hulit, todavía asombrado, se encontró a Einstein bajando por las escaleras. En ocasiones mis compañeros y compañeras de trabajo y yo nos vamos de cena, y después, de fiesta.

Llegado un momento de la noche muchos y muchas de nosotros estábamos un poco "eufóricos" por el cubateo, y recuerdo que cuatro de ellas estaban en el WC, y yo bromeaba con ellas como que intentaba entrar en el baño de las chicas. El rey tenía un gran concepto de si mismo y de lo que pretendía conseguir y junto con una serie de magníficos profesionales encumbró su persona y su país creando un símbolo que a día de hoy sigue vigente. Volviendo al calzado es preciso subrayar que los zapatos y las piernas de los hombres tenían mucho protagonismo ya que hasta después de la Revolución Francesa no empezaron a usarse pantalones largos. El primero, nuestro pilar: el calzado y después la –casi- única joya que nos solemos permitir: el reloj. En ambos artículos podremos elegir, para nuestras adquisiciones, de entre una extraordinaria variedad de opciones y utilizar los mismos para un gran número de ocasiones por lo que deberíamos poner toda nuestra dedicación en su selección ya que el resultado puede ser tan inherente a nuestra imagen, como lo pueda ser nuestro corte de pelo o nuestro tono de voz, por citar algún ejemplo innato.

Si hiciéramos un ejercicio de memoria creo que todos podremos asociar a nuestros seres más queridos, sobre todo caballeros, a alguno de estos objetos para medir el tiempo de la manera más intuitiva: el reloj de mi padre, el de mi abuelo, el de un tío muy querido, el de algún famoso como los 007… ¿quién no lo recuerda? O aquellos de nuestras ocasiones más específicas; el de la primera comunión, el de nuestra pedida de mano o un aniversario, el de un amigo o conocido que siempre nos llamo la atención. Tengo anécdotas de recordar alguno que captó especialmente mi atención hace décadas, como el espectacular de mi profesor de inglés nativo en la época del leonés colegio Discípulas de Jesús. Como sabía que me iba a tocar andar mucho por la ciudad, decidí llevarme zapatillas de deporte y zapatos de vestir pero sin apenas tacón. Ana y Nuria continuaron hablando como si nada. Los tacones de las cinco Diosas todavía me dieron muy buenos ratos esa noche.

El zapato de cuero más antiguo del mundo, unos 1.000 años más antiguo que la Gran Pirámide de Giza en Egipto y 400 años más antiguo que Stonehenge en Reino Unido, fue hallado perfectamente conservado en una cueva en Armenia. El zapato de 5.500 años de antigüedad fue descubierto por un equipo de arqueólogos internacionales, que informaron de su hallazgo el miércoles. Y Nuria quiso reprender a Fran porque por lo visto el niño siempre estaba por los suelos. Museo del Louvre Hyacinthe Rigaud. Fran estuvo unos segundos bajo la bota de su madre, y después se marchó dentro de la casa. El zapatero, envalentonado y orgulloso del éxito que había obtenido al influir con su crítica en la rectificación del cuadro, decidió volver a opinar sobre el mismo, esta vez dando su punto de vista sobre la pierna del protagonista de la obra. Fue en ese momento cuando Apeles hizo callar al zapatero diciéndole: «El zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias» (Ne supra crepidam sutor judicaret)* también traducido cómo «El zapatero no debe ir más allá de las sandalias»

Y que ha llegado hasta nuestros días con el famoso «zapatero a tus zapatos» La más reciente me pasó hace apenas dos semanas. Ana aplastó con el tacón la cabeza del muñeco, que era de goma, pero entonces Nuria dio un pisotón al cuerpo del muñeco, que era de plástico, destrozándolo. Me puse realmente malo. El viaje acabó, y pude ver a la chica por el andén moviendo su espectacular culo, y oir cómo sonaban los tacones en el suelo. Museo del Louvre El retrato mas famoso del monarca fue el que le pintó Rigaud en 1701, es la imagen prototípica del absolutismo francés donde el Rey Sol, un hombre de casi sesenta años, se presenta rodeado de toda la magnificencia posible en una postura de bailarín. Para ellas no fue nada más que una broma, pero para mí, estar bajo los tacones de esas cuatro Diosas fue una experiencia increible. Recuerdo que estaba por Madrid por trabajo, y debía trasladarme a Cádiz, a 600km, se me estropeó el coche, y tuve que coger el tren por los pelos.

Lucía un fabuloso modelo Omega -vintage para mí- pero que seguro era de su juventud. Podría pasar algo parecido con el calzado, que sino tan acentuado, sí que se puede recordar ciertos modelos de los caballeros que más significaron o nos asombraron a lo largo de nuestra vida; el propio Thomas -como buen británico- calzaba espectaculares (y grandes) Oxford full brogue en los tonos marrones oscuros, perfectos para sus usuales tejidos de tweed. Éstos elementos hablaran de nuestro gusto tanto o más que otros de nuestro vestuario, porque: podrán ser lucidos con muchas combinaciones distintas de este, nos acompañaran por largo tiempo y, principalmente, debido a que concentran buena parte de nuestra esencia individual, así como que por ser tan personales hablaran -incluso- de muchas de nuestras características, además de porque no reconocerlo de nuestra posición económica. La idea era pedir unas pizzas, cenar en casa, llevar al niño a casa de sus abuelos y salir de fiesta. Sus interminables piernas enfundadas en esas medias me hipnotizaban.

Mientras en la economía actual el consumo se ha restringido drasticamente, el mercado del lujo ha aumentado de manera exponencial lo cual hace de Luis XIV un auténtico visionario. odo cuanto necesitamos cuidar al extremo, entiendo, son los dos detalles sobre los que además podemos “cimentar” nuestra mejor imagen y “etiquetarnos” de especial manera. Al menos a mi prima no le pasó nada, eso sí, yo me gané un buen moratón en la rodilla. Mayúscula fue la sorpresa de Peter Hulit, un zapatero de Princeton (New Jersey), cuando a finales de 1952 recibió en su tienda de zapatos una llamada telefónica de urgencia… Helen Dukas, secretaria de Albert Einstein, le pedía que acudiese cuanto antes a casa del gran físico para ayudarle a resolver un problema: le dolían los pies y necesitaba unos zapatos nuevos. Hulit, buen conocedor de su profesión, debió pensar que resulta muy difícil concentrarse y hacer bien las cosas cuando te duelen los pies… incluso si eres un genio. Una de las parejas vino con su hijo, un niño de unos 4 ó 5 años.

Dijo que pese a ser pequeño y calzar con un tamaño actual 37 europeo o 7 estadounidense, el zapato “bien pudo calzar a un hombre de esa era”. Buena conservación: La cueva donde se hizo el descubrimiento está en la provincia Vayotz Dzor de Armenia, en la frontera de ese país con Irán y Turquía. Uno de mis amigos quiso enseñar a los otros unos vídeos de internet, así que se fueron a la salita, al otro extremo del comedor. Mi conclusión: la realidad depende de con qué gafas la mires. Estamos hablando de un hombre apasionado por el lujo y el esplendor cuya vida en la Corte de Versalles se asemejaba a una obra de teatro donde el era el actor principal. Entre sus directivos había un hombre que había visto mucho mundo y conocía bien a los consumidores. Luis XIV. Así que le pide a Pedro, uno de los directivos que acaba de entrar en la empresa, optimista y trabajador, que se presente en su oficina: Pedro, quiero que vayas a África y me digas si podemos vender allí nuestros zapatos.

Acepta encantado el encargo y se monta en un avión rumbo a África. Dürrenmatt necesitábamos casi todos los actores unos zapatos amarillos y como tenía unos zapatos estilo manoletinas rosa fucsia que mi abuela me compro hacía años un par de números más grandes que el número que usaba en aquel entonces porque le gustaron y pensó que algún día los llevaría (y lo hice pero sólo porque me regalaron también un conjunto de traje chaqueta fucsia que duró una temporada sólo) me vinieron de perlas para pintarlos de amarillo, usarlos para la obra y tirarlos posteriormente. Me dio un auténtico recital de shoeplay, casi insufrible durante todo el trayecto restante. Tal proeza que se vio recompensada con el titulo de maestro zapatero del rey de Francia, pero ahí no quedó la cosa ya que se le concedió rango nobiliario con un escudo de armas que consistía en una bota sobre un fondo azul con flores de lis (color y emblema de los Borbones franceses) y cubierta con una corona.

El empresario le dijo: Manolo, quiero que vayas a África y me digas si podemos vender allí nuestros zapatos. Manolo, un poco escéptico y con pocas ganas, se subió a un avión rumbo a África. Se trata de cómo durante el largo reinado de Luis XIV y con el mismo a la cabeza, se emprendieron una serie de cambios que llevarían a Francia a convertirse en el epicentro del buen gusto y del refinamiento. Regresa a su país y mantiene una reunión con el empresario. ¿Y bien Pedro? ¿Qué posibilidades hay de vender nuestros zapatos en África? A lo que Pedro contesta entusiasmado: ¡Jefe! Es genial, ¡allí nadie lleva zapatos! Aquí os dejo esta metáfora para que lo reflexionéis. Sin embargo, lo que realmente ocurría es que Einstein había ganado algo de peso en su avanzada edad, y sus pies cambiaron de talla.” Después de la medición, Hulit llegó a la conclusión de que el profesor sólo necesitaba unos zapatos más grandes. Hasta que por fin, una de ellas me hizo entrar, tropecé, cai al suelo del WC, y ellas cerraron por dentro, de manera que dentro del baño sólo estaba yo con ellas cuatro.

Las cinco mujeres se quedaron hablando en la mesa del comedor, sentadas en sus sillas, mientras cada una se bebía su cubata, y el niño jugaba debajo de la mesa con unos muñecos y juguetes que había traído. Poco después, Fran volvió con los juguetes. Pero lo mejor vino después: Fran y yo salimos detrás de ellas, y Fran se tiró al suelo, puso su muñeco debajo del zapato de Ana, y le dijo "Písalo, tía Ana". Ambos míos y marrones, sólo que de estilo diferente y si me di cuenta fue porque en una de las veces que crucé las piernas para tomar los apuntes me dio por mirarme el pie (vaya Usted a saber el por qué) y al poco rato volví a cruzar las piernas al revés y por el rabillo del ojo vi un color diferente al anterior, con lo que me fijé mejor y, efectivamente, cada pie llevaba un zapato distinto... Como yo estaba en el suelo, una de ellas me pisó el pecho y bromeó diciendo que su esclavo había llegado y que les iba a servir de alfombra para limpiar las suelas y los tacones de todas.

El fenómeno del mercado del lujo actual tiene aquí su germen ya que la élite sintió la necesidad por estar a la última moda ya fuera en trajes, peinados, accesorios o decoración. Al contrario que a mí. Zapatero a tus zapatos es una de las expresiones que más se utilizan en lengua castellana para advertir a alguien que se está extralimitando de sus funciones o qué opina de algo para lo que no está facultado. A través del Libro XXXV escrito por Plinio el Viejo (siglo I a.C.) podemos encontrarnos con el origen de este famoso dicho, el cual tiene tras de sí una curiosa anécdota que se sitúa en la Antigua Grecia del siglo IV a.C. Apeles era uno de los más afamados y admirados pintores de su época y cada vez que terminaba un cuadro tenía por costumbre exponerlo ante los transeúntes para que estos le dieran sus opiniones respecto a la obra recién acabada. En cierta ocasión entre el grupo de personas que admiraban y opinaban sobre su última pintura se encontraba un zapatero local, quién recriminó a Apeles un grave fallo en una de las sandalias que portaba el protagonista del cuadro.

El pintor escuchó atentamente y ese mismo día enmendó su error, mostrando el cuadro de nuevo al día siguiente. Fran estaba en el suelo a los pies de las dos Diosas. Llegó allí y observó que todos iban descalzos. Carol, una maravilla de botines rojos con taconazo, y Nuria (la madre del niño), unas espectaculares botas negras de tacón de aguja por encima de la rodilla. Y allí estaba yo, jugando con el niño, y uno de los juegos era hacer que Ana pisara uno de los muñecos. A continuación movió su bota aplastándolo como a una colilla. Incluso una metió su tacón en mi boca y me dijo "chúpame el tacón, esclavo". Seguramente no estuvieron pisándome ni 30 segundos, pero fue inolvidable. Esos tacones que tanto me hicieron disfrutar. Vinieron a cenar a mi casa cuatro parejas de amigos. aproximadamente, una era conocida como periodo Calcolítico. Lo bueno es que no se notaba que miraba pues iba con gafas de sol, que me ayudaban a disimular un poco, aunque hay otras cosas que no podía disimular, jeje.

A medida que el viaje avanzaba, la chica estaba más incomoda por lo que optó por subir los pies, sin quitarse los tacones (el revisor podría haberla reñido) y allí empezó un show durante casi 2 horas. Yo me hice el dormido apoyando el codo en el apoyabrazos entre los dos asientos y apoyando mi cabeza en mi mano, quedaba a unos 30 cm de esos pies y tacones tan juguetones. Pinhasi dijo que las condiciones estables de sequedad y frío en la cueva facilitaron que los variados objetos encontrados allí estuvieran bien conservados. Sus temores se habían confirmado. Eso sí, ha habido suerte y no he debido de dar el zapato puesto que mi madre no me ha dicho nada, o eso, o que aún no se ha vuelto a poner esos zapatos...Todo puede ser. ...- Otra anécdota similar pero más antigua me pasó yendo aún a la Universidad. Además se colocó un retrato del insigne artesano en una de las galerías Reales de pinturas bajo el cual rezaba: “Maestro Nicolás Lestage, el milagro de su época”.

Como pueden suponer, que el retrato de zapatero ocupara un lugar tan principal era algo inaudito, teniendo en cuenta que las profesiones artesanales eran un trabajo mecánico y por lo tanto poco considerado, estando además los zapateros en la parte baja del escalafón. Este retrato fue un regalo para su nieto el rey de España Felipe V pero al final se quedó en Francia. Detalle de los zapatos con el tacón rojo. Detalle de los zapatos con el tacón rojo. A finales del siglo XVII Francia y su rey comprendieron el valor del lujo, entendiendo la fascinación que siente el ser humano por usar piezas únicas y sofisticadas que adornen sus cuerpos y sus vida, y como la posesión de dichos objetos hace a las personas sentirse especiales.

Para la obra de teatro "La visita de la vieja dama"  Íbamos bastante rápidas bajando la cuesta que da al Rincón de Goya, uno de los sitios más emblemáticos del Parque Primo de Rivera, más conocido como el "Parque Grande" y a mi prima se le cayó la rosa de piel de adorno que llevaba en el zapato y sin caer en que íbamos en la bici doble, le dio por agacharse a cogerlo con tal mala fortuna que desequilibró la bici y yo, para evitar que ésta y yo con ella cayéramos sobre i prima, me incliné cuanto pude en sentido contrario para evitar la catástrofe, sólo que, en dicho intento, puse demasiado ímpetu con lo que la bici y yo caímos hacia el lado opuesto. Con los pies subidos a la butaca que estaba justo al lado mía, empezó a jugar con sus peep toe. No le daríamos más vueltas. Pero el cerebro del gran físico estudiaba y analizaba la situación de otra manera más profunda y compleja, dando finalmente como solución aquel “zapato perfecto” de su boceto que, al final, era lo mismo que un zapato de más talla… aunque desde una perspectiva más científica. Esa fue la grandeza de Albert Einstein: imaginar, pensar y percibir las cosas de manera distinta a como se había hecho hasta ahora, analizándolas y tratando de encontrar una explicación lógica desde varios puntos de vista.

Cuentan que una vez un viejo y experimentado empresario, fabricante y vendedor de calzado, decidió explorar el mercado Africano para exportar allí sus colecciones. Aparece engalanado con los atributos de su poder como el manto de la coronación, la espada, el bastón de mando y la corona. Lo malo fue que como usé témpera para pintarlos, al acabar la representación mis pies estaban completamente amarillos, ya que, con el sudor, la pintura había acabado en mis pies más que en los zapatos. ...- Otra anécdota con zapatos me pasó antes aún, yendo por el parque con una bici doble con mi prima pequeña que vive en Zaragoza. Total, que estando en el cumpleaños de una nueva amiga me dolía mucho el pie izquierdo y al quitarme el zapato para ver el motivo me di cuenta. De regreso a su país y en una reunión que mantuvo con el empresario, éste le pregunta: ¿Y bien Manolo? ¿Qué posibilidades hay de vender nuestros zapatos en África? Manolo, con resignación le contesta: Olvídelo jefe, allí nadie lleva zapatos.

El empresario que se queda algo decepcionado y no acaba de verlo claro, quiere una segunda opinión. Pues bien, una vez estábamos cenando en una bocatería orestaurante, no recuerdo bien, y después de la cena llegaron las copas y el cubateo. Su madre le había regañado, y eso ya no le divertía. Dudo que de no haber estado un poco "calentito" por el cubata, me hubiese atrevido a hacer lo que hice entonces: con mucho cuidado, introduje el taconazo de Ana dentro de mi boca. Al principio estaba "tranquilita", pero enseguida, sacó su ordenador portatil, mientras balanceaba su zapato en el pie, colgandoselos de los dedos, sacando el pie, metiendolo, etc. Podéis imaginaros lo que había allí abajo: estaba rodeado por las piernas y los taconazos de las cuatro Diosas. Ana se rió y le dijo a Nuria "Qué bestia eres", y Nuria le contestó algo así como "Tenía ganas de estrenar mis botas". Pero todo no acabo ahí. Al final de su reinado y en un mas difícil todavía, encargó a grandes artistas de la Corte que pintaran en sus tacones escenas de sus aclamadas batallas.

Menos mal que lo ha aclarado porque podríamos haber interpretado que lo hicieron para encajar en el cuerno de un antílope) El calzado tiene 24,5 centímetros de largo, 7,6 a 10 centímetros de ancho, y data del 3.500 a.C. Yo duermo en el mismo cuarto que mi madre y no suelo encender la luz al vestirme por las mañanas ya que, normalmente, con la luz que entra por las rendijas de la persiana es suficiente ya que no solemos bajarla completamente. “No se sabe si el zapato era de un hombre o una mujer”, indicó Ron Pinhasi de University College Cork en Irlanda, quien lideró al equipo de investigación. Como todas iban un poco borrachetas, otra de ellas me pisó la cara (nunca voy a olvidar sus preciosas botas con taconazo de 10 cm por lo menos encima de mi mejilla). Le dijo algo así como "Siempre que te vea por los suelos te voy a pisar como a un bicho". Ana levantó su pie y, inofensivamente, pisó la cabeza de Fran durante unos segundos, y le dijo "A ti sí que me apetece pisarte".

El físico le dio la mano e inmediatamente sacó del bolsillo trasero del pantalón un pedazo de papel doblado. “This is the problem” dijo señalando el trozo de papel. Bocetos 1952 Trozo de papel que Einstein entregó a Peter Hulit, firmado por el físico | 1952 | Dominio Público Se trataba de un rápido esbozo en el que Einstein ilustraba su problema del dolor de pies así como el diseño de un zapato más cómodo: el zapato perfecto. Einstein había escrito en la parte superior: “representación del peso?” Más abajo había dibujado dos bocetos de su pie derecho, que mostraban el patrón de la presión en el pie. El boceto que etiquetó como “bad” (malo) mostraba su problema actual: la presión se concentraba en su dedo gordo y en el borde exterior de su pie, causándole dolor. El etiquetado como “good” (bueno) mostraba la solución de Einstein, lo que para él sería el zapato perfecto: un zapato que permite un amplio espacio alrededor del pie para que la presión pueda ser mejor y uniformemente distribuida.

Ampliación de los bocetos de Einstein | 1952 | Dominio Público El bueno de Einstein caminaba casi todos los días cerca de dos kilómetros desde su casa hasta el Institute for Advanced Study. Como buen investigador científico había tratado de averiguar la causa de su propio dolor de pies, así como encontrar una solución que le aliviase… … pero a veces no hace falta ser un genio para diagnosticar un problema. Como el propio Peter Hulit dijo más tarde: “Einstein tuvo la idea correcta. Casi podía oler los tacones, casi podía tocarlos, sentirlos... Únicamente eso. Cualquiera de nosotros, al igual que el zapatero de Einstein, habríamos pensado simplemente en comprar un zapato más grande como solución al problema. Así que, desde entonces, opté por dejarlos un poco más visibles, aunque como se puede comprobar por la anécdota anterior, cuando en vez de dejarlos entre mi cama y el armario, los dejo entre mi cama y la de mi madre, no suele ser una buena idea. ...

Más o menos por esas fechas me ocurrió otra anécdota más normalita relacionada con zapatos. Levantó su bota y pisó su cara (suavemente y sin hacerle daño, por supuesto, pero con una actitud muy dominante). estaban tan cerca... Esta historia tan curiosa parece sacada de un cuento de hadas pero no lo es. Allí un conocido zapatero de la ciudad llamado Nicolás Lestage le obsequió con un par de maravillosos zapatos realizados en seda color miel, decorados con lirios y forrados de tafetán. Pero una vez más, y a Dios gracias, siempre será más elegante un modelo discreto, sencillo y con clase para un presupuesto contenido, que uno exuberante y llamativo peluco de su ostentado propietario. Esta prenda y alhaja por su longeva durabilidad nos van a acompañar en muchos momentos de nuestra existencia, así que también les vamos a llegar a coger un sentido y verdadero aprecio por lo que conviene que para su elección le dediquemos el tiempo necesario; días, meses o incluso no pocas veces años e invirtamos en la mejor calidad y la más eterna atemporalidad.

Con la excusa de jugar un rato con él, yo también me metí debajo de la mesa. Llega allí e, igual que Manolo, observa que allí todos van descalzos. Luis XIV estipuló que los tacones masculinos debían ser de color rojo lo que rápidamente se convirtió en signo de status social. A continuación, me puse de rodillas y lamí muy suavemente el zapato de Julia, incluyendo su tacón. Estaba enfadadísimo. Entonces, Nuria, la madre de Fran, dijo "Sí, písalo y aplástalo ya de una vez, que menuda birria de muñeco, estoy harta de verlo". La verdad es que el muñeco daba pena, le faltaban las piernas y estaba ya bastante hecho polvo. Llevaba un zapato de mi madre y, claro, como ella lleva un par de números menos que yo, me dolía el pie por estar tan encogido dentro del zapato. Y las otras dos también me pisaron, mientras todas se reían. Otros hallazgos incluyeron grandes recipientes de cerámica, muchos de ellos contenían trigo, cebada, albaricoques y otras plantas comestibles.

En su camino hacia isla de los Faisanes (un islote en el río Bidasoa que era condominio español y francés), donde tendría lugar el encuentro de los dos séquitos, el joven rey francés paró en Burdeos. Ana se dio cuenta de que estaba pisando algo y miró debajo de la mesa: "¿Qué hacéis?"; "Eres una gigante y tienes que pisar el muñeco"; y ni corta ni perezosa, Ana siguió pisándolo y continuó hablando con sus amigas. En un momento dado, le dije a Fran (el niño) que saliese de debajo de la mesa y fuese a coger otros juguetes, que estaban en otra habitación. El niño me hizo caso y por un momento, me quedé solo debajo de la mesa. Yo estaba sentado en el tren en un asiento que daba al pasillo, y justo enfrente mía, pero en el asiento de la ventanilla, se sentó una espectacular chica de unos 20 años, con una minifalda, unas medias de rejilla negras y unos ESPECTACULARES peep toe negros de tacón de aguja. Luis XIV prohibió expresamente al señor Lestage confeccionar otro par de botas iguales. Tuvieron la maestría de convertir lo superfluo en imprescindible y hacer a la sociedad esclava de la moda.


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